Segunda y definitiva rendicion inglesa

 El 7 de julio de 1807 el general John Whitelocke es derrotado y con ello acabado el segundo intento ingles de apoderarse de Buenos Aires y de controlar el Rio de la Plata tras el bloqueo continental impuesto por Napoleón. Tras una feroz batalla libr


ada en las calles en la ciudad entre las tropas inglesas y los criollos, el general británico es derrotado y se rinde bajo capitulación. Se le enfrentaron no solo las milicias, al mando de Liniers y Àlzaga, que estaban mejor organizadas que en la invasión anterior,  sino también la gente común, que arrojaba agua caliente, palos y piedras desde los balcones de las casas.

Recordemos que un año antes, en agosto de 1806, las tropas al mando de Beresford corrieron una similar suerte. Pero Whitelocke era la esperanza de la corona británica para conquistar Buenos Aires, importante centro comercial. Evidentemente, el general no estuvo a la altura de la expectativa y fue duramente derrotado. Los criollos le dieron 48 horas para abandonar Buenos Aires y dos meses para devolver la ciudad de Montevideo, a la que habían ocupado antes de llegar a la capital.

Whitelocke, al volver a Inglaterra , fue enjuiciado por su mal accionar y declarado indigno para servir a su majestad, en ese entonces, Jorge III. A diferencia de Beresford, comandante de la primera invasión,  no le fue perdonada su derrota, que significaba, en pocas palabras, olvidarse de Buenos Aires.

Aquí, en el entonces virreinato, las invasiones inglesas sembraron la semilla para iniciar el proceso revolucionario de separación de España. Dejaron al descubierto la ineficacia de la corona en la protección de las colonias, pusieron  en evidencia la tibieza de las autoridades coloniales, y al mismo tiempo, forzaron un sentido de identidad y de unión popular frente al enemigo invasor, para defender lo propio.

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