Mariano Moreno fue designado como secretario de Gobierno y
Guerra de
la Junta
que sustituyó al virrey Cisneros en 1810. En ese primer gobierno
patrio que tomaría las riendas de las Provincias Unidas Moreno encabezó una facción
conformada por Castelli y Belgrano que tenía una postura radical y explícitamente
revolucionaria que planteaba la urgente independencia de la corona española y
del rey Fernando VII, prisionero de Napoleón en Francia. Moreno fue tajante en
este aspecto. Era consciente de la opresión que España causaba a la que había
sido su colonia y este intento de gobernarse autónomamente iba acompañado de la
profunda necesidad de salir definitivamente de las garras de España. En síntesis,
la revolución debía ser el puntapié inicial para lograr la total independencia.
Esta postura le trajo problemas con la otra facción de la Junta encabezada por el presidente
Cornelio Saavedra. Esta facción tenía una postura más conservadora y creía que la Revolución instalaría
un gobierno propio y con eso sería suficiente, que se seguiría gobernando en
nombre del rey Fernando. En definitiva, lo que se hizo es conocido
historiográficamente como “la máscara de Fernando”. Es decir, se gobernó en su
nombre pero tejiendo la total independencia, ya que la facción morenista de la Junta tenía esa intención.
Moreno, en relación a su postura, tuvo un accionar polémico
en cuanto a aquellos que actuaban en contra de la Revolución. El caso
mas famoso es el del ex virrey Santiago de Liniers. En contra del gobierno de la Junta, el francés se sublevó
en Córdoba y fue fusilado por orden de Moreno quien lo considero un peligro
para la Revolución
y un obstáculo para la unidad política
que esta requería. Esta conducta de Moreno fue muy cuestionada por
diversos sectores dado que reflejaba la supuesta influencia del jacobinismo francés
del cual Moreno se había inspirado en sus tiempos en Europa. Política de exterminio
y de terror que puede interpretarse como un incorrecto proceder o bien como un
camino para garantizar el propósito revolucionario bajo las armas. La historia
no juzga sino que analiza y explica en contexto, por lo que el proceder político
de Moreno debe ser visto en función del proyecto revolucionario.
Moreno también se enfrentó con Saavedra por otra cuestión
importante más allá de que desde el inicio de la Junta la confrontación entre
ambos fue enorme. Saavedra proponía integrar a los diputados del interior a la Junta, para sumar políticos
desde todas las provincias al escenario revolucionario de Buenos Aires. Pero,
Moreno, se oponía tajantemente a esta iniciativa dado que consideraba que sumar
diputados a la Junta
iba a complicar aún más la situación del gobierno, y además muchos de estos
diputados eran afines a la postura conservadora de Saavedra por lo que con
ellos en el gobierno el sueño de independencia quedaba cada vez más lejano. Por el contrario
proponìa conformar un congreso con esos diputados, de vital importancia, pero
fuera de la Junta. Finalmente
ocurrió lo que proponía el presidente y en diciembre de 1810 el gobierno pasó a
ser la Junta Grande.
Moreno, agobiado por un cúmulo de situaciones y conflictos
con Saavedra entre los que se encuentran un rechazo al trato diferenciado al
presidente, la supresión de honores, y traspaso de poder al colegiado de la Junta honores finalmente
renuncia a su cargo de secretario. Saavedra, en lo que es uno de los grandes misterios
de la historia argentina, envía a Moreno a una misión diplomática en Londres. Pero,
por una supuesta intoxicación por medicamentos, Moreno muere en altamar el 4 de Marzo de 1811 a bordo
de la fragata Fame, la cual Saavedra se habría asegurado de que abordara. No se
sabe a cierta si murió de causas naturales o si fue asesinado. La enemistad con
Saavedra y su proceder en la
Junta, que molestaba a muchos, han favorecido a la elaboración
de muchas teorías. La misión diplomática también fue puesta bajo la lupa. Se
cree que fue a Londres por un convenio de tráfico de armas que favorecía a la Junta. Pero también se cree que
fue a buscar apoyo político para la Revolución. La verdad, es que Moreno, artífice de
la Revolución,
no vio sus frutos políticos ni sociales ni pudo contemplar la independencia
absoluta que la Revolución
de Mayo había iniciado.
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